La Danza Movimiento Terapia (DMT) se abre camino en España gracias al impulso de investigadoras como Rosa María Rodríguez Jiménez, profesora del Grado en Psicología de la UFV y presidenta de la European Association of Dance Movement Therapy  

Foto portada noticia Rosa María: “Vivimos en una cultura que produce sin parar y olvida lo corporal” Estudiar en Universidad Privada Madrid

Rosa María Rodríguez Jiménez, investigadora y coautora del libro Danza Movimiento Terapia, donde explora el poder transformador del movimiento.

Con motivo de la publicación de su nuevo libro, Danza Movimiento Terapia, la autora expone en esta entrevista el potencial del movimiento creativo y la integración cuerpo-mente como herramientas para fortalecer la salud mental.  

La obra busca acercar al público general las particularidades de esta disciplina mediante casos clínicos presentados por profesionales con larga trayectoria, y lo hace con un lenguaje directo y accesible para lectores no especializados. 

Una trayectoria singular que une ciencia y arte 

La Dra. Rodríguez, descubrió durante un viaje de cooperación que podía llegar a niños en situación de vulnerabilidad con más fuerza a través del movimiento que con las palabras. Aquel hallazgo marcó un punto de inflexión en su vida. “Soy física de formación y bailarina desde niña; con los años encontré en la Danza Movimiento Terapia la manera de unir mis dos mundos”, explica. Se doctoró en Ciencias Físicas al tiempo que bailaba y enseñaba Danza, y a partir de aquel momento, se formó sucesivamente en Ciencias de la Educación, en Danza Movimiento Terapia y en Psicología. Desde entonces, ha dedicado su carrera a mostrar que la ciencia y el arte no son caminos paralelos, sino aliados capaces de abrir nuevas vías para el bienestar humano.  

El cuerpo como lenguaje universal 

De esa experiencia personal surgió una convicción, el cuerpo es un lenguaje que todos compartimos. Allí donde las palabras fallan, el movimiento se convierte en puente de comunicación. “Las palabras pueden engañar, pero el cuerpo nunca miente”, afirma Rosa. 

Esta idea, respaldada por la neurociencia, muestra cómo gestos, posturas y movimientos transmiten emociones profundas y auténticas. Y como el material simbólico y metafórico que puede aparecer en una sesión individual o grupal, puede posibilitar procesos de transformación y mejoras en la salud. Pero esta riqueza del cuerpo como vía expresiva choca con una sociedad que todavía privilegia lo verbal y lo racional.  

Frente a ese vacío, la Danza Movimiento Terapia emerge como una disciplina que reclama su lugar en el ámbito académico y social. La DMT forma parte de las denominadas Terapias Creativas, en las que se utiliza una modalidad artístico-creativa (arte, música o danza, en el caso que nos ocupa) en un contexto terapéutico. Encuentra apoyo en el psicoanálisis relacional al reconocer que el sentido del self y la experiencia emocional se construyen en la interacción con el otro; el vínculo terapéutico y la comunicación no verbal en movimiento se convierten así en un espacio central de co-creación y transformación. 

Una herramienta clínica y preventiva 

La utilidad de este enfoque se constata tanto en la clínica como en la prevención y promoción de la salud.  

Rosa lo ha aplicado en contextos de autismo, trauma o trastornos de la conducta alimentaria, pero también en aulas universitarias y comunidades educativas. “La DMT es eficaz y se viene utilizando tradicionalmente en contextos clínicos, pero en los últimos años se viene aplicando también en prevención y promoción de la salud. En mi caso, he podido liderar proyectos de investigación que han mostrado su efectividad en reducción de estrés y aumento del bienestar psicológico en distintos colectivos, como el educativo o el sanitario”, asegura.  

Sin embargo, la falta de reconocimiento institucional hace que muchas de estas aplicaciones carezcan de un marco oficial, pese a la evidencia científica que las respalda.  

Esta tensión entre resultados positivos y ausencia de regulación refleja una de las problemáticas centrales: el potencial de la DMT convive todavía con un déficit de legitimidad. 

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Libro Danza Movimiento Terapia

Reconocimiento profesional en Europa 

El contraste es evidente cuando se mira a Europa. “En Estados Unidos, Canadá, y 10 países europeos la DMT está regulada. La Asociación Europea de Danza Movimiento Terapia trabaja por conseguir el reconocimiento profesional en el total de los 31 países que forman parte de esta. En España todavía falta ese reconocimiento institucional”, explica la psicóloga.  

Aunque a nivel internacional se han establecido criterios comunes de formación y supervisión clínica, en España la disciplina sigue sin reconocimiento oficial, lo que la sitúa en ocasiones en un terreno ambiguo.  

En la actualidad, es la Asociación Española de Danza Movimiento Terapia (ADMTE) quien, siguiendo los estándares europeos, garantiza el nivel de formación de los profesionales (nivel de máster de 120 ECTS), incluyendo las horas requeridas de terapia personal, formación continuada y supervisión clínica, y aporta una lista de especialistas acreditados.  

Esta ausencia de regulación oficial no solo afecta a los profesionales, también a los pacientes, que si no conocen la asociación pueden carecer de garantías claras sobre la calidad de la intervención. La paradoja es mayor si se considera la rica tradición dancística española, que sin embargo no ha encontrado aún un espacio firme en la academia. “En España, ha sido muy difícil que la danza encontrase su espacio en el ámbito universitario, y aún hoy, su presencia es minoritaria. Cuando hablamos de una especialidad como Danza Movimiento Terapia, esto se hace aún más difícil”. Aquí aparece una problemática social de fondo, la dificultad para reconocer como ciencia lo que nace en la frontera entre arte y psicología. Al tiempo, la palabra danza parece remitir a una técnica concreta, a un aprendizaje de un estilo dancístico específico, cuando aquí de lo que hablamos es del movimiento creativo y espontáneo que puede surgir en un espacio de seguridad y confianza, y del conocimiento implícito que el cuerpo atesora.  

La investigación, clave para abrir camino 

Ante este vacío, la investigación se convierte en la herramienta más poderosa para legitimar la disciplina. Rosa María ha impulsado estudios que evidencian mejoras en salud mental y bienestar en poblaciones tan diversas como pacientes con anorexia, personal sanitario en urgencias hospitalarias o mayores. “Estamos publicando cada vez más estudios que demuestran la eficacia de la DMT en ámbitos como los trastornos de la conducta alimentaria, personas con depresión o el burnout sanitario”, indica.  

Estas publicaciones buscan no solo aval científico, sino también derribar prejuicios que asocian la DMT con prácticas marginales o carentes de rigor. Cada artículo, cada dato, es un paso hacia el reconocimiento oficial y un modo de combatir la etiqueta de pseudociencia que aún planea en ciertos sectores. 

Un futuro que exige valentía y conciencia 

El desafío de la DMT no es únicamente científico, sino también social y personal. “El cuerpo en sus manifestaciones no verbales habla de quienes somos.  

En un contexto futuro caracterizado por crisis de salud mental y tensiones sociales, la DMT se presenta como una práctica con un notable potencial de intervención y acompañamiento. El creciente reconocimiento del papel del arte en la salud mental respaldado por organismos como la OMS abre la posibilidad de integrar la DMT en ámbitos clínicos y preventivos. Los avances en neurociencia dan soporte científico a la práctica. No obstante, su desarrollo y consolidación requieren tanto de políticas que la respalden institucionalmente como de una apertura social hacia el autoconocimiento y la experiencia corporal. 

Su futuro, en definitiva, exige conciencia colectiva y compromiso institucional para que el lenguaje del cuerpo y el movimiento deje de ser un recurso invisible y se convierta en una ciencia reconocida y al servicio de la sociedad.