Plantar árboles, separar residuos o reducir el consumo son gestos concretos y necesarios en cualquier campus. En una universidad católica, además, remiten a una responsabilidad que forma parte de su propia identidad: educar en el cuidado de la casa común.
Una investigación de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) defiende que la sostenibilidad debe integrarse en la misión universitaria e ir más allá de una línea de acción ambiental.

La crisis ecológica suele explicarse con cifras sobre emisiones, energía, temperatura o biodiversidad. En la universidad, la cuestión entra también en el terreno educativo. No se trata solo de medir impactos, sino de formar hábitos, ofrecer una mirada responsable sobre el mundo y preparar a quienes mañana tomarán decisiones en empresas, colegios, hospitales, administraciones, laboratorios o familias.
El artículo Integrating Sustainability into the Core Mission of Catholic Universities: The Case of Francisco de Vitoria University (Spain) analiza el caso de la UFV para abordar un reto compartido por muchas instituciones de educación superior.
María Zitto, autora principal del estudio y doctoranda de la Escuela Internacional de Doctorado UFV, lo expresa desde la idea de misión: “El cuidado de la casa común no es ajeno a la universidad católica; forma parte de su manera de entender a la persona, la comunidad y la responsabilidad ante el mundo que hemos recibido”.
De acción ambiental a identidad universitaria
El corazón del trabajo está en un cambio de enfoque. Una universidad puede tener planes ambientales, memorias de sostenibilidad, campañas de reforestación o acciones de voluntariado. Todo eso importa porque hace visible un compromiso. La cuestión decisiva, señala Zitto, es que esas iniciativas no queden en la periferia, sino que nazcan de la misión y de la identidad universitaria católica.
La identidad pesa más que la iniciativa. La autora sitúa esta propuesta en continuidad con Laudato si’, donde el cuidado del entorno aparece unido al cuidado de las personas, especialmente de las más vulnerables, y de las generaciones futuras. Desde esa mirada, educar en sostenibilidad implica “formar una manera de mirar la realidad con vínculo, gratitud y responsabilidad”.
La escala del debate es amplia. En el mundo existen más de 1.300 universidades católicas, con cerca de 3,8 millones de estudiantes. Alberto López Rosado, coautor del trabajo y vicerrector de Investigación de la UFV, vincula ese dato con una idea central del estudio: “Una red educativa de esa dimensión puede influir en hábitos y decisiones que llegan mucho más allá del campus”.
La UFV, un caso para pasar de las acciones a la identidad
La UFV aparece en la investigación como un caso con elementos ya alineados con la integración de la sostenibilidad en la misión universitaria. Esa presencia se ve en la incorporación de Laudato si’ al currículo común, especialmente en la asignatura de Responsabilidad Social, cursada por 2.363 estudiantes, y en proyectos de investigación sobre economía circular, movilidad sostenible o nutrición responsable.
También se reconoce en la vida diaria del campus. La universidad ha impulsado campañas de reforestación a través del grupo NATURA, plantó 3.487 árboles en una acción vinculada a nuevos alumnos y alcanzó los 4.882 árboles en 2024. A ello se suman cinco rutas de biodiversidad con 215 estudiantes, conversaciones verdes con 923 participantes, acciones contra el desperdicio alimentario, vasos reutilizables y 330 puntos de separación de residuos.
El campus también educa. Los autores señalan, con todo, que todavía queda camino por recorrer. La presencia transversal de contenidos ambientales puede crecer, igual que el diálogo entre conocimiento técnico y humanístico. “Ahí está el valor del caso: la UFV muestra avances concretos y, al mismo tiempo, el reto de consolidar la sostenibilidad como identidad institucional”, apunta Zitto.
La crisis de relaciones detrás de la crisis ecológica
La dimensión más humana del artículo conecta con una línea que la autora ya había desarrollado en una entrevista anterior publicada por la UFV. Allí abordaba la crisis ecológica como una crisis de relaciones con uno mismo, con los demás, con la naturaleza y con la trascendencia.
La crisis ecológica habla de cómo vivimos. Refleja nuestra forma de consumir, producir, habitar, usar la tecnología y comprender la naturaleza. Esa mirada relacional aparece ahora aplicada a la misión universitaria, porque una institución educativa transmite mucho más que información. También enseña una forma de situarse ante el mundo.
La diferencia entre dominio y custodia ayuda a entender el cambio. Si la naturaleza aparece solo como un recurso externo, la sostenibilidad queda reducida a eficiencia. Si se comprende como un bien recibido y compartido, educar en sostenibilidad implica formar en sobriedad, justicia, solidaridad, gratitud y cuidado. En aquella entrevista, Zitto lo expresaba con una frase breve: “somos naturaleza”.
Razón Ampliada para una coherencia duradera
Para sostener esa identidad, el artículo utiliza el método de la Razón Ampliada, inspirado en Benedicto XVI. La sostenibilidad se analiza desde cuatro preguntas que atraviesan la vida universitaria: quién es la persona, cómo se conoce la verdad del problema ambiental, qué responsabilidad ética exige y qué sentido tiene cuidar la creación.
La sostenibilidad no cabe en una sola disciplina. La respuesta universitaria necesita datos científicos, criterio moral, diálogo interdisciplinar y horizonte de sentido. Ciencias naturales, ciencias sociales, humanidades, ética y teología aparecen como lenguajes llamados a conversar. López Rosado ve en este enfoque una vía para “evitar que el compromiso ambiental quede encerrado en indicadores técnicos o en consignas ideológicas”.
El trabajo no mide experimentalmente el impacto de estas acciones en la conducta de los estudiantes ni presenta el caso UFV como un modelo cerrado. Es un análisis teórico y de caso que identifica fundamentos, revisa prácticas institucionales y propone una integración más explícita de la sostenibilidad en la misión universitaria.
La coherencia necesita continuidad
El paso decisivo, según los autores, es que la sostenibilidad quede incorporada a la identidad, la visión y la misión de las universidades católicas. Así deja de depender de prioridades cambiantes, liderazgos concretos o planes estratégicos pasajeros y pasa a formar parte estable de la vida académica.
Cuidar la casa común empieza en decisiones pequeñas, pero apunta a una tarea mayor: formar personas capaces de mirar el mundo como algo recibido, compartido y digno de ser cuidado.
“El reto de la sostenibilidad universitaria no es añadir una línea más al plan estratégico. Es educar desde una identidad capaz de cuidar con inteligencia, responsabilidad y esperanza”, concluyen los investigadores.


