Verónica Fernández, directora del Centro de Educación en Virtudes y Valores (CEV) de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) y especialista en liderazgo educativo y educación del carácter, impartió la conferencia “La odisea de ser docente: ¿por qué sigue valiendo la pena?” en la Universidad de Montevideo, en Uruguay.

La intervención, dirigida a educadores y otros profesionales del ámbito educativo, abordó uno de los principales desafíos de la profesión docente: cómo mantener el sentido de la vocación y el propósito educativo a lo largo de una trayectoria marcada también por dificultades, cambios y situaciones de incertidumbre.
Para plantear esta reflexión, Fernández tomó como punto de partida el viaje de Ulises en La Odisea y estableció un paralelismo entre las pruebas que afronta el personaje homérico y los retos que acompañan al profesor durante su vida profesional.
“Así como el héroe griego tuvo sus situaciones complejas, nosotros también debemos enfrentarnos a nuestras sirenas y lotófagos”, explicó Fernández, en referencia a aquellas circunstancias que pueden desviar al docente de aquello que da sentido a su vocación.
La vocación docente necesita un propósito
Uno de los ejes de la conferencia fue la importancia de que el profesor identifique el propósito que orienta su tarea educativa y no reduzca su profesión a la transmisión de conocimientos. “El viaje tiene que tener un puerto, un destino”, señaló Fernández.
Desde esta perspectiva, la trayectoria docente no se entiende únicamente como un proceso de adquisición de experiencia o competencias profesionales, sino también como una oportunidad para desarrollar el carácter, revisar las propias motivaciones y crecer personalmente a través de los desafíos que plantea la educación.
“Ulises termina su viaje siendo una mejor persona, y eso es lo que buscamos. Estamos en un viaje como docentes, pero es un viaje que, si olvidamos el porqué, podemos llegar sin rumbo y no aprovechar las circunstancias para salir siendo mejores personas”, afirmó.
La educación del carácter adquiere así una doble dimensión: afecta a la formación de los alumnos, pero también a la propia identidad del educador. La manera en que el profesor afronta las dificultades, toma decisiones, establece relaciones y acompaña a sus estudiantes forma parte de la experiencia educativa.
El papel del profesor en la formación integral del alumno
Fernández puso también el foco en el papel que desempeña el profesor en la formación integral de la persona. Frente a una concepción de la docencia centrada exclusivamente en la transmisión de contenidos, defendió una relación educativa en la que el docente contribuye al crecimiento intelectual y humano de sus alumnos.
“En este escenario, la vocación docente ha pasado a ocupar un segundo plano y el profesor se volvió un mero facilitador que da contenido. Esto no basta para formar a un ser humano”, afirmó Fernández.
Esta reflexión conecta con una concepción de la educación en la que el profesor no solo facilita aprendizajes, sino que acompaña al alumno en el desarrollo de su autonomía, su criterio y su carácter.
El modelo educativo de la Universidad Francisco de Vitoria sitúa precisamente el encuentro y el acompañamiento en el centro del proceso formativo y entiende la educación como un camino que busca el desarrollo integral de la persona, más allá de su preparación estrictamente profesional.
Liderazgo, carácter y florecimiento humano
Durante su estancia en Uruguay, Verónica Fernández mantuvo además distintos encuentros con estudiantes, docentes y directivos de colegios para profundizar en la formación del carácter desde diferentes perspectivas.
Entre los asuntos abordados estuvieron la humildad y las virtudes aplicadas al liderazgo, la construcción de la identidad docente, el florecimiento humano y algunos de los principales desafíos a los que se enfrenta actualmente la educación.
Estos encuentros permitieron trasladar la reflexión sobre el carácter a situaciones concretas de la práctica educativa y del liderazgo. En este marco, formar el carácter implica desarrollar capacidades como el discernimiento, la responsabilidad, la capacidad de relación y la toma de decisiones orientadas por un propósito.
La participación de Fernández en la Universidad de Montevideo abrió así un espacio de reflexión sobre qué significa ser docente hoy y sobre la necesidad de recuperar la pregunta por el sentido de la profesión.
Una cuestión que trasciende la transmisión de conocimientos y sitúa en primer plano la capacidad del profesor para acompañar, orientar y contribuir al crecimiento de sus alumnos, al tiempo que él mismo continúa desarrollándose personal y profesionalmente a lo largo de su trayectoria.

