Todo ese aprendizaje encuentra, tarde o temprano, una prueba. Llega el momento en que los apuntes dejan paso a la realidad.
Una conversación con una persona que vive una situación de vulnerabilidad.
Un paciente durante las primeras prácticas clínicas.
Un niño al que acompañar después de clase.
Un compañero que necesita ser escuchado.
Es entonces cuando el estudiante descubre que aprender no consistía únicamente en responder preguntas, sino en empezar a hacerse cargo de la realidad.
En la UFV, este encuentro forma parte de la formación. Todos los alumnos de segundo curso realizan 50 horas de prácticas sociales dentro de la asignatura de Responsabilidad Social. En conjunto, esta iniciativa supone más de 100.000 horas anuales destinadas a causas sociales, con la participación de alrededor de 2.280 estudiantes cada año.
La magnitud de la cifra es relevante, pero no es lo decisivo.
Lo verdaderamente importante es lo que expresa: una universidad que no entiende la excelencia únicamente como rendimiento académico, sino como la capacidad de orientar el talento hacia el servicio y el bien común.
En esas experiencias, el estudiante descubre algo que no estaba en los libros.
Descubre que la vulnerabilidad no es una idea abstracta.
Que la exclusión no es solo una categoría sociológica.
Que el sufrimiento no es un asunto teórico, sino una realidad que tiene rostro.
Las propuestas de acción social de la universidad incluyen experiencias relacionadas con la discapacidad, la infancia, el sinhogarismo y otras situaciones de vulnerabilidad, en colaboración con entidades como ACVADI, PSE Camboya, la Asociación Bocatas o Cruz Roja.
Entre ellas se encuentra la iniciativa Te falta calle, en la que cerca de 80 alumnos se aproximaron este curso, de manera simbólica a algunas dimensiones del sinhogarismo, como la intemperie y la falta de descanso.
La experiencia incluyó una cena compartida con jóvenes en situación de calle de la Asociación Bocatas. No se trataba únicamente de observar una realidad distinta, sino de encontrarse cara a cara con personas de edades, intereses y sueños semejantes, aunque con trayectorias marcadas por la desigualdad y la falta de oportunidades.
Otro de los espacios en los que este aprendizaje se encuentra con la realidad son las misiones de la UFV, experiencias de acompañamiento y servicio que forman parte de su compromiso social y de su misión evangelizadora. Durante el curso 2025/2026, 260 estudiantes, profesores y personal de la universidad participaron en iniciativas desarrolladas en Armenia, Kenia, Etiopía, Filipinas, Paraguay, Argentina, Tanzania, Uganda, Tánger y Motril, a las que se sumó Costa de Marfil como nuevo destino para las misiones de verano. En estas experiencias, los participantes no solo contribuyen a mejorar la realidad de comunidades en situación de vulnerabilidad, sino que también se dejan interpelar por ellas: descubren otras formas de vivir, profundizan en su vocación y comprenden que el servicio puede transformar tanto a quien lo recibe como a quien lo presta.
En ese encuentro, la actividad deja de ser solo una actividad y se convierte en pregunta:
¿Qué significa mirar de verdad?
¿Qué significa acompañar?
¿Qué significa no vivir de espaldas al dolor de los demás?