La imagen de un maestro medieval que comienza una catedral sabiendo que nunca la verá terminada sirvió a Daniel Sada, rector de la Universidad Francisco de Vitoria, para expresar uno de los grandes desafíos con los que comienza el curso 2026-2027: educar hoy a personas que ejercerán su profesión en un mundo cuyo cambio resulta difícil anticipar.

La inteligencia artificial ya forma parte de las aulas y de numerosos entornos profesionales. Para la UFV, esa transformación exige conocer y utilizar la tecnología, al tiempo que obliga a preguntarse qué capacidades deben seguir perteneciendo a la persona. Durante el solemne acto de apertura, celebrado el 7 de septiembre en el Centro Deportivo de la UFV, esta cuestión atravesó buena parte de las intervenciones y conectó el camino recorrido por la comunidad universitaria con el curso que ahora comienza.

“Formar personas no es una tarea paralela a la revolución tecnológica: es la tarea central de la revolución tecnológica”, afirmó el rector en el solemne acto de inauguración del curso 26/27. La razón, explicó, está en que la tecnología adquiere el rostro de quienes la diseñan y utilizan. De ahí que la universidad deba preparar profesionales capaces de tomar decisiones sobre ella desde el criterio y la responsabilidad.
Un curso que muestra el crecimiento de la comunidad UFV
El secretario general, José Antonio Verdejo, abrió el acto académico con el avance de la Memoria Institucional del curso 2025-2026. Lo hizo utilizando el tiempo como hilo conductor para recorrer algunos de los hechos que han marcado el último año universitario.
La UFV contó durante el curso pasado con 12.145 estudiantes matriculados en estudios oficiales de grado y más de 5.000 en máster y doctorado. El crecimiento de la comunidad se sostuvo también sobre 1.787 profesores, junto con 726 miembros del personal de administración y servicios y 340 mentores que acompañan a los alumnos de forma personalizada.
Ese desarrollo estuvo acompañado por medidas destinadas a facilitar el acceso a los estudios. El 31 % de los alumnos recibió algún tipo de ayuda o beca y la Universidad concedió 3.814 ayudas con fondos propios, un 3,8 % más que el curso anterior. Verdejo vinculó estas cifras con la voluntad de que la situación personal de un estudiante no impida desarrollar una vocación universitaria cuando existen las condiciones académicas para hacerlo.
La investigación refleja otra dimensión del crecimiento. La Universidad alcanza ya los 100 grupos estables de investigación, cuatro veces más que en el curso 2007-2008. El último año contó además con 32 proyectos financiados externamente y 111 mediante financiación interna.
Integrar la inteligencia artificial sin delegar el criterio
El balance del curso mostró también cómo la inteligencia artificial se está incorporando a la vida universitaria. Durante 2025-2026, 841 profesores completaron la segunda edición del itinerario formativo en IA para docentes, mientras que 416 miembros del personal de administración y servicios realizaron la formación correspondiente. La comunidad universitaria abordó además sus implicaciones educativas y profesionales mediante distintos espacios de reflexión.

Estos datos permiten concretar uno de los asuntos centrales de la apertura: la respuesta universitaria a la IA requiere aprendizaje técnico, pero alcanza especialmente al modo de enseñar y aprender. Cuando una herramienta puede producir respuestas en segundos, adquiere más importancia que el estudiante sepa formular preguntas, contrastar la información y asumir la responsabilidad de sus decisiones.
El rector desarrolló esa idea al señalar que la Universidad no necesita competir con las máquinas “en velocidad, ni en memoria, ni en cálculo”. La tarea educativa se juega en otro terreno: en capacidades humanas que permiten comprender la realidad y actuar sobre ella con libertad.
Ángel Sánchez-Palencia: “Ser profesor en la UFV no es un trabajo, es una vocación”
La pregunta por la naturaleza de la universidad estuvo también en el centro de la lección magistral pronunciada por Ángel Sánchez-Palencia Martí, profesor titular de Antropología Filosófica, bajo el título Naturaleza y fin de la Universidad. Recuerdos y reflexiones.
Tras más de treinta años vinculado a la Universidad Francisco de Vitoria y a la asociación que estuvo en su origen, Sánchez-Palencia condensó su experiencia en una afirmación que abrió y cerró su intervención: “Ser profesor en la Universidad Francisco de Vitoria no es un trabajo, es una vocación”.
Su reflexión trasladó esa vocación a la relación concreta entre profesor y estudiante. Frente a una comprensión impersonal de la educación, recordó que cada alumno tiene nombre propio y que la docencia sucede en el encuentro con esa persona concreta. Enseñar implica ayudarla a desplegar sus posibilidades respetando su libertad y acompañándola en la búsqueda de aquello que puede llegar a ser.

Ese planteamiento sitúa la relación educativa en el corazón de la experiencia universitaria. En un contexto en el que parte de la producción intelectual puede automatizarse, la presencia del profesor adquiere especial relevancia por su capacidad para provocar preguntas y acompañar procesos que ninguna herramienta puede recorrer en lugar del estudiante.
Una comunidad académica que sigue creciendo
Durante el acto se recibió también a los nuevos doctores de la Universidad y se reconoció a los profesores que habían alcanzado nuevos hitos en su carrera académica. Juan Jesús Álvarez Álvarez recibió la credencial como catedrático de la Facultad de Ciencias de la Salud y siete profesores obtuvieron la categoría de profesor titular tras defender sus proyectos docentes e investigadores.
Los reconocimientos cobran sentido dentro de una concepción comunitaria de la universidad en la que el desarrollo académico de cada profesor amplía también la capacidad del conjunto para enseñar, investigar y acompañar mejor a los estudiantes.
“Alzad la mirada”
En sus palabras finales, el rector volvió sobre la responsabilidad de quienes forman parte de la Universidad. Una tutoría, un seminario o una conversación en un pasillo pueden convertirse, explicó, en momentos decisivos para un estudiante. La formación universitaria se construye así en relaciones concretas, cuyo alcance muchas veces solo puede comprenderse con el paso del tiempo.
De ahí su invitación a comenzar el curso “sin ingenuidad, pero sin miedos. Con los ojos abiertos y la mirada alta”. El desafío no consiste en saber con exactitud cómo será el futuro, sino en acompañar a quienes deberán actuar en él para que puedan hacerlo con juicio propio y sentido de responsabilidad.

“No sabemos exactamente qué mundo viene. Sabemos a quién estamos formando para él”, concluyó.
La Universidad Francisco de Vitoria comienza así un nuevo curso consciente de que su misión no puede darse por realizada. Se construye cada día en la docencia, la investigación y, sobre todo, en el encuentro entre las personas que forman su comunidad. En un tiempo de aceleración tecnológica, ese camino exige seguir aprendiendo a utilizar las nuevas herramientas mientras se cultiva aquello que permite decidir qué hacer con ellas y al servicio de quién.


