La fisioterapia oncológica está ampliando su campo de actuación hacia etapas cada vez más tempranas del proceso asistencial. La prehabilitación permite intervenir desde el diagnóstico y aprovechar el periodo previo al tratamiento para valorar al paciente, mejorar su capacidad funcional y prepararlo para afrontar en mejores condiciones una cirugía u otras intervenciones oncológicas.

Este enfoque cobra especial relevancia ante una realidad asistencial creciente. En España se estima que en 2026 se diagnosticarán 301.884 nuevos casos de cáncer, un 2 % más que el año anterior, según el informe Las cifras del cáncer en España 2026 de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN). El aumento de la supervivencia está situando además la calidad de vida y la atención a los efectos de la enfermedad y sus tratamientos entre los grandes desafíos de la atención oncológica.
En este contexto, la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) lleva esta evolución de la práctica clínica a la formación de sus estudiantes de Fisioterapia, conectando los fundamentos científicos con ámbitos de especialización que están ganando peso en la profesión.
Una muestra de esta conexión es la participación de Davinia Vicente, profesora de Fisioterapia de la UFV y fisioterapeuta oncológica, en FISIOEXPO/INSIGHT, el espacio especializado en fisioterapia oncológica de FISIOEXPO, un encuentro profesional que reúne en IFEMA Madrid a más de 8.000 profesionales. Vicente ha impartido la ponencia Prehabilitación en el paciente oncológico: el fisioterapeuta como preparador funcional, dentro de un programa científico con trece sesiones y más de diez especialistas.
Anticiparse a las secuelas desde el diagnóstico
La prehabilitación convierte el periodo comprendido entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento en un tiempo en el que es posible intervenir. El fisioterapeuta puede conocer la situación funcional de partida, identificar factores de riesgo y trabajar aquellas capacidades que pueden ayudar al paciente a afrontar el tratamiento con una mayor reserva funcional.
“Ese periodo entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento puede convertirse en una ventana de oportunidad para preparar al paciente”, explica Vicente.
La intervención se adapta al tipo de cáncer, al tratamiento previsto, al estado funcional y al tiempo disponible. En una paciente con cáncer de mama que vaya a someterse a una mastectomía, por ejemplo, el trabajo previo permite conocer su movilidad y fuerza basal, preparar la zona torácica y el hombro y anticipar ejercicios relevantes durante la recuperación.
La investigación está aportando nuevas evidencias sobre este enfoque. Revisiones y metaanálisis recientes han encontrado beneficios de determinados programas de prehabilitación en variables como la capacidad funcional y las complicaciones posoperatorias, aunque sus resultados dependen del tipo de cáncer, la intervención y las características de los pacientes.
Una práctica clínica en evolución que llega al aula
La evolución de la fisioterapia oncológica plantea también un reto para las universidades. El profesional necesita una base científica sólida y capacidad para interpretar información clínica, valorar la situación concreta de cada paciente y decidir cómo intervenir a partir de la evidencia disponible.
En el Grado en Fisioterapia de la UFV, esta preparación comienza desde los primeros cursos. En Fisiología Humana, los estudiantes adquieren las bases necesarias para comprender cómo responde el organismo ante la enfermedad y los tratamientos. En cuarto curso, dentro de Fisioterapia Aplicada a las Disfunciones Cardiorrespiratorias, trabajan específicamente la rehabilitación y el ejercicio en el paciente oncológico y profundizan en cardiooncología.
La especialización clínica del profesorado permite trasladar al aula problemas y decisiones presentes en la práctica asistencial. Los fundamentos fisiológicos se convierten así en herramientas para valorar al paciente y fundamentar posteriormente la intervención.
“Desde la Universidad debemos formar fisioterapeutas que sean capaces de razonar, interpretar evidencia científica y tomar decisiones clínicas fundamentadas”, destaca Vicente.
Esta capacidad adquiere especial importancia en un entorno sanitario en el que los profesionales tienen acceso a un volumen creciente de datos, evidencia y herramientas digitales capaces de apoyar el análisis y la práctica clínica. Saber formular las preguntas adecuadas, interpretar la información disponible, reconocer sus límites y decidir cómo aplicarla a una persona concreta forma parte de la preparación que exige la profesión.


