Una investigación internacional con participación de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) advierte de que el dolor infantil continúa evaluándose y tratándose de manera insuficiente debido, entre otros factores, a la falta de formación específica y a la persistencia de prejuicios y creencias erróneas entre futuros profesionales y personal sanitario. El estudio, publicado en la revista científica Frontiers in Pediatrics, analizó las respuestas de 2.807 participantes procedentes de Europa, América, África, Asia y Oceanía.

El trabajo forma parte del proyecto internacional HUPEDCARE —Higher Education as a Driver in the Humanisation of Pediatric Pain Care—, financiado por la Unión Europea y orientado a mejorar la atención al dolor pediátrico mediante la cooperación internacional y la humanización de los cuidados. En el proyecto participan 15 universidades de Europa, África y América, entre ellas la Universidad Francisco de Vitoria.
La investigación está firmada, entre otros autores, por Sonsoles Hernández-Iglesias y Mariana Alina Renghea, investigadoras de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UFV. Hernández-Iglesias figura además como autora de correspondencia y participó en la administración del proyecto, la supervisión, la validación, la aportación de recursos y la revisión científica del manuscrito. Renghea intervino en la gestión y el análisis de datos, la metodología, el desarrollo del software y la redacción original del artículo.
Formación moderada y errores todavía extendidos
El estudio evaluó las actitudes, creencias, conocimientos y formación de estudiantes, docentes, investigadores y profesionales sanitarios mediante el cuestionario validado HUPEDCARE-Q. La muestra estuvo formada principalmente por estudiantes de Ciencias de la Salud, que representaron el 61,6 % de los participantes, y por profesionales en ejercicio, con un 29,1 %. Enfermería fue el área más representada, con el 72,2 %, seguida de Medicina, con el 20,3 %.
Los resultados muestran un nivel medio de conocimientos y formación de 3,55 puntos sobre 5. Aunque existe una conciencia relativamente extendida de que el dolor infantil es una experiencia personal condicionada por factores biológicos, psicológicos y sociales, el estudio identifica carencias educativas y errores conceptuales que pueden traducirse en una evaluación deficiente y en tratamientos insuficientes.
Entre las ideas equivocadas detectadas figura la creencia de que estímulos similares producen la misma intensidad de dolor en todos los niños, pese a que la experiencia dolorosa es subjetiva y depende de múltiples factores. También persiste la idea de que los menores deberían soportar el dolor el mayor tiempo posible antes de recibir medidas para aliviarlo. Ambas creencias se asociaron con menores niveles de conocimiento técnico sobre su evaluación y tratamiento.
El artículo señala asimismo una confianza excesiva en los cambios de las constantes vitales, como la frecuencia cardiaca o la tensión arterial, para confirmar la presencia de dolor intenso. Los autores advierten de que esta práctica puede conducir a infravalorar el sufrimiento, especialmente en recién nacidos y niños que todavía no pueden expresar verbalmente lo que sienten.
“El dolor constituye una de las experiencias humanas más frecuentes y, a la vez, una de las peor abordadas en la práctica asistencial. Pese a los avances científicos, sigue estando infravalorado y subtratado, con consecuencias directas sobre la morbilidad, la calidad de vida y el sufrimiento evitable de los pacientes. Esta realidad es especialmente acusada en poblaciones vulnerables como la infancia, donde la dificultad para comunicar verbalmente el malestar favorece su infravaloración y su tratamiento”, explica Sonsoles Hernández-Iglesias, investigadora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Francisco de Vitoria y coautora del estudio.
El riesgo de infravalorar el dolor infantil
La investigación recuerda que el dolor pediátrico no tratado adecuadamente puede generar consecuencias físicas, psicológicas y sociales, tanto a corto como a largo plazo. Los menores hospitalizados están expuestos con frecuencia a intervenciones dolorosas, como extracciones de sangre, canalización de vías intravenosas, inyecciones o procedimientos diagnósticos y terapéuticos.
Su correcta atención requiere profesionales capaces de identificar las manifestaciones del dolor, emplear escalas validadas adaptadas a la edad y combinar, cuando sea necesario, medidas farmacológicas y no farmacológicas. El estudio destaca que reconocer el carácter biopsicosocial del dolor y valorar positivamente intervenciones como la lactancia materna, el contacto piel con piel, la sacarosa oral o la succión no nutritiva se relaciona con un mayor nivel de conocimiento profesional.
Los autores insisten en que el problema no se limita al dominio de técnicas clínicas. Las actitudes y creencias del personal sanitario influyen también en la forma en que se interpreta el comportamiento del niño y se decide cuándo intervenir. Por ello, mejorar la atención exige actuar simultáneamente sobre los conocimientos, las competencias prácticas y la cultura asistencial.
La universidad, clave para transformar la atención
Una de las principales conclusiones del estudio es la necesidad de reforzar la formación sobre dolor pediátrico desde los grados universitarios de Ciencias de la Salud y durante toda la trayectoria profesional. Los investigadores recomiendan programas específicos y adaptados a los distintos contextos culturales, que combinen fundamentos teóricos, práctica clínica y herramientas de evaluación adecuadas al desarrollo del menor.
“Las implicaciones educativas son muy claras: la formación sobre dolor pediátrico debe incorporarse de manera transversal y práctica en los grados de Ciencias de la Salud, y mantenerse después mediante la actualización profesional. No basta con conocer los tratamientos; es necesario trabajar también las actitudes, los prejuicios y la toma de decisiones clínicas para avanzar hacia una atención más segura, equitativa y humanizada. La Enfermería está al lado del paciente cuando debuta el dolor, en el tratamiento y en el seguimiento”, señala Mariana Alina Renghea, investigadora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Francisco de Vitoria y coautora del estudio.
En este contexto, el proyecto HUPEDCARE sitúa a la educación superior como una herramienta estratégica para avanzar hacia una atención pediátrica más ética, equitativa y centrada en la persona. La iniciativa busca conectar universidades de distintos países para desarrollar conocimiento, recursos docentes y buenas prácticas que ayuden a superar barreras cognitivas y profesionales.
La participación de la UFV pone de manifiesto la implicación de su Facultad de Ciencias de la Salud con la investigación aplicada, la formación de profesionales para su mejora continua, capaces de integrar evidencia científica y sensibilidad clínica, y la humanización de la asistencia a los pacientes más vulnerables.
Los autores reconocen que la muestra no representa por igual a todas las regiones, especialmente a Asia y Oceanía, y que factores como la experiencia clínica, la formación continuada, la cultura de cada institución o la disponibilidad de protocolos pueden influir en los resultados. Pese a estas limitaciones, la investigación aporta una fotografía internacional amplia sobre un problema el objetivo global de que ningún niño vea infravalorado su dolor por falta de conocimientos o por creencias alejadas de la evidencia.


