“Esto es otro mundo completamente distinto: escasea de material tanto de guantes como de medicamentos y de todo. Estoy aprendiendo muchísimas cosas: voy rotando entre el dispensario en el que pasamos consulta, después hacemos pruebas en el laboratorio (Paludismo, fiebre tifoidea, de orina y heces) y después por maternidad, dónde hacemos consulta prenatal, vacunaciones, y otra parte para pruebas del VIH.
He atendido ya cuatro partos, de los cuales uno tuve que suturar y el último ya lo saqué sola. En el centro de nutrición cuatro veces a la semana damos un vaso de leche a los niños y para alguno es su único alimento del día. Hay cosas muy duras y te preguntas porqué es así de injusta la vida. He conocido a tres hermanas, son las más pobres de toda la aldea dónde estoy, les hemos comprado un saco de maíz para que tengan para dos semanas, tengo que pensar algo a largo plazo porque no puedo quedarme con los brazos cruzados con lo que estoy viendo”.