Un estudio ha analizado hasta qué punto el efecto de la cafeína sobre el rendimiento físico procede de su acción farmacológica o de la expectativa psicológica asociada a su consumo. La investigación, publicada en la revista científica Biology of Sport concluye que la mejora observada en determinados ejercicios breves de alta intensidad depende principalmente de la ingesta real de cafeína, mientras que el efecto placebo tiene una contribución limitada.

Los resultados muestran que la cafeína puede mejorar algunos indicadores de rendimiento incluso cuando quien la consume desconoce que la ha ingerido. En cambio, creer que se ha tomado cafeína cuando en realidad se ha recibido un placebo no produjo mejoras significativas en las pruebas analizadas.
Entre los autores del trabajo se encuentran Millán Aguilar-Navarro y Jorge Gutiérrez-Hellín, investigadores adscritos a la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Francisco de Vitoria. También participan especialistas de la Universidad Rey Juan Carlos, la Universidad Camilo José Cela, el Instituto de Investigación Sanitaria HM Hospitales y la Universidad de Castilla-La Mancha.
“Este estudio puede ayudar a entrenadores, nutricionistas y deportistas a tomar decisiones más precisas sobre el uso de la cafeína. Los resultados indican que su efecto sobre el rendimiento depende sobre todo de la ingesta real y no únicamente de la expectativa de haberla tomado. Por eso conviene individualizar la dosis, el momento de consumo y el tipo de esfuerzo, sin confiar solo en la sensación que genera creer que se ha consumido”, explica Jorge Gutiérrez-Hellín, investigador de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Francisco de Vitoria.
Un diseño que permite separar el efecto de la cafeína y el placebo
Para distinguir la respuesta fisiológica de la psicológica, los investigadores utilizaron un diseño experimental de placebo equilibrado. Participaron 16 adultos físicamente entrenados, 11 hombres y cinco mujeres, con una edad media de 21,7 años y un consumo habitual de cafeína bajo o moderado.
Cada participante realizó cuatro sesiones experimentales y actuó como su propio control. El diseño permitió comparar la sustancia que realmente recibía cada persona (cafeína o placebo) con la información que se le proporcionaba sobre lo que supuestamente había ingerido.
En una de las condiciones, los participantes recibieron un placebo y fueron informados correctamente. En otra, tomaron cafeína, aunque se les comunicó que habían recibido un placebo, lo que permitió aislar el efecto farmacológico. Una tercera situación consistió en administrar un placebo indicando que se trataba de cafeína, con el fin de estudiar específicamente el efecto de la expectativa. Por último, los participantes recibieron cafeína y fueron informados correctamente, combinando así la acción de la sustancia con la creencia sobre sus posibles beneficios.
La dosis utilizada fue de tres miligramos de cafeína por kilogramo de masa corporal. Una hora después de la ingesta, los participantes realizaron cuatro pruebas: salto con contramovimiento, triple salto desde parado, lanzamiento de balón medicinal y carrera de velocidad de 20 metros.
La cafeína mejora el rendimiento aunque el deportista no sepa que la ha tomado
Los resultados permiten identificar con mayor precisión dónde se encuentra el efecto principal. Cuando se aisló la acción farmacológica de la cafeína, la distancia obtenida en el triple salto desde parado aumentó un 2,1 %, mientras que el tiempo empleado en recorrer 20 metros disminuyó un 0,8 % respecto a la condición de control.
La mejora en velocidad también fue del 0,8 % cuando coincidieron la ingesta de cafeína y la expectativa de haberla recibido. Sin embargo, administrar únicamente un placebo haciendo creer a los participantes que habían tomado cafeína no produjo cambios significativos en ninguna de las pruebas. Tampoco se observaron diferencias relevantes en el salto con contramovimiento.
Al analizar conjuntamente los cuatro ejercicios, la mejora media del rendimiento fue del 0,9 % cuando se aisló el efecto farmacológico y del 0,6 % cuando únicamente intervino la expectativa. La combinación de ambos factores alcanzó una mejora media del 1,3 %, aunque los autores advierten de que estos resultados no permiten afirmar que exista un efecto aditivo o una verdadera sinergia entre ambos.
Los datos apuntan así a la acción fisiológica de la cafeína como principal explicación de su efecto ergogénico en este tipo de esfuerzos. La expectativa psicológica puede intervenir en el resultado global, pero su capacidad para modificar por sí sola el rendimiento fue menor y no sustituye a la ingesta de la sustancia.
La sensación de energía sí depende también de la expectativa
El estudio examinó además cómo percibían los participantes algunos efectos habitualmente asociados al consumo de cafeína, como nerviosismo, irritabilidad, dolor de cabeza, molestias digestivas, aumento de la diuresis o alteraciones del sueño.
No se encontraron diferencias significativas entre las cuatro condiciones experimentales en estas variables. La excepción fue la sensación de energía, que aumentó cuando los participantes habían consumido cafeína y sabían que la habían tomado.
El resultado apunta a que la acción farmacológica y la expectativa pueden reforzarse en determinadas percepciones subjetivas, aunque el estudio no haya demostrado una sinergia equivalente en el rendimiento físico.
Esta diferencia entre sentirse con más energía y rendir efectivamente mejor resulta relevante para interpretar el consumo de cafeína en el deporte. La percepción del deportista aporta información, pero no refleja necesariamente por sí sola una mejora objetiva del rendimiento.
Los investigadores señalan además que esta sensación debe valorarse teniendo en cuenta el contexto y el momento de consumo, especialmente cuando la cafeína se ingiere por la tarde o por la noche, debido a sus posibles implicaciones para la recuperación y el descanso posterior al ejercicio.
Una evidencia para individualizar el uso de cafeína en el deporte
Los resultados ofrecen a entrenadores, nutricionistas y deportistas una referencia para decidir con mayor rigor cómo utilizar cafeína antes del ejercicio. El trabajo respalda la importancia de individualizar la dosis, el momento de consumo y el tipo de esfuerzo, en lugar de atribuir el posible beneficio únicamente a la expectativa generada alrededor de esta sustancia.
Los autores recuerdan que las mejoras asociadas habitualmente a la cafeína suelen situarse entre el 1 % y el 4 % y que ese posible beneficio debe ponderarse frente a los efectos secundarios y la respuesta individual de cada deportista.
El propio estudio establece límites a sus conclusiones. Se utilizó una única dosis, participaron 16 personas y las pruebas se concentraron en esfuerzos breves de carácter explosivo. Por ello, futuras investigaciones deberán comprobar si la relación entre acción farmacológica y expectativa se mantiene con otras cantidades de cafeína, diferentes modalidades deportivas y una mayor diversidad de participantes.
La participación de investigadores de la Universidad Francisco de Vitoria en este trabajo contribuye a generar conocimiento aplicable a una pregunta concreta del rendimiento deportivo: qué parte de una mejora procede realmente de una sustancia y qué parte depende de lo que el deportista espera de ella. Diferenciar ambas dimensiones permite interpretar la evidencia con mayor rigor y favorecer decisiones más precisas y personalizadas en el ámbito del ejercicio y del deporte.


