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Juan Pablo Romero, profesor de la UFV y neurólogo de la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María, pone en marcha dos proyectos de neuromodulación no invasiva para el tratamiento de las secuelas del ictus

estudio udc romero.2 Juan Pablo Romero, profesor de la UFV y neurólogo de la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María, pone en marcha dos proyectos de neuromodulación no invasiva para el tratamiento de las secuelas del ictus

Las dos iniciativas pretenden mejorar el pronóstico de recuperación de alteraciones motoras y de percepción en pacientes que han sufrido ictus isquémicos

La Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María Ana ha iniciado una colaboración con investigadores de la Universidad Oberta de Cataluña, que actualmente trabajan en uno de los laboratorios más activos del mundo en materia de neuromodulación en la Universidad de Harvard, para poner en marcha dos proyectos de neuromodulación no invasiva para el tratamiento de las secuelas del ictus. Esta colaboración se suma al trabajo estable que viene desarrollando esta Unidad con la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid dentro de este mismo campo.

Los dos proyectos que pondrá en marcha este año la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María Ana utilizan, respectivamente, la energía eléctrica directa transcraneal y la energía magnética, y los dos pretenden mejorar el pronóstico de recuperación de alteraciones motoras y de percepción en pacientes que han sufrido ictus isquémicos.

Las técnicas de neuromodulación son aquellas que inducen cambios bioquímicos y estructurales en las conexiones cerebrales al estimular las células cerebrales ya sea externa o internamente. “El efecto que buscan es reforzar la conectividad de las neuronas aledañas a la lesión e impedir la interferencia de otras zonas cerebrales que se ha demostrado que interfieren en esta recuperación”, declara el doctor Juan Pablo Romero, neurólogo de la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María Ana y profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.

“Los dos proyectos representan una apuesta clara de nuestra Unidad por la innovación en la rehabilitación”, señala el doctor Romero, y añade: “esperamos que las técnicas de neuromodulación no invasiva formen parte cada vez más importante en los protocolos de rehabilitación de daño cerebral y otras enfermedades neurológicas”.

En los dos proyectos de neuromodulación impulsados por el Hospital Beata María Ana participan como investigadores principales, además del  doctor Juan Pablo Romero Muñoz, Profesor de la Universidad Francisco de Vitoria y miembro del Laboratorio de Neuromodulación no invasiva de la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María Ana; los doctores Marcos Ríos Lago, David de Noreña y Begoña González, de la misma  Unidad, y la doctora Elena Muñoz Marrón, Directora del Laboratorio Cognitive Neurolab de la Universidad Oberta de Cataluña.

 

Secuelas físicas, cognitivas y emocionales 

Las enfermedades neurológicas se producen ya sea por alteraciones funcionales o estructurales en el sistema nervioso central o periférico y pueden ser de tipo hereditario, congénito, degenerativo o adquirido, como es el caso del daño cerebral sobrevenido.

La intensidad de los síntomas y secuelas de cualquiera de estas enfermedades se relaciona principalmente con el sitio de la lesión y su extensión, así como de la cronología de los síntomas.

Entre las consecuencias del daño cerebral figuran primeramente las secuelas físicas que afectan al movimiento y sensibilidad, y que causan principalmente discapacidad por una disminución de la autonomía para realizar las actividades basales de la vida diaria.  Dichas manifestaciones son consecuencia de lesiones de las vías nerviosas que permiten el control motor (vía piramidal y extrapiramidal).

Asimismo, se derivan secuelas conductuales y emocionales que pueden ser consecuencia de lesiones que tienen lugar sobre todo en la parte anterior del cerebro (lóbulo frontal). Son igualmente incapacitantes, pero a otro nivel, al afectar a la convivencia del paciente con su entorno por falta de regulación emocional y de conducta.

Un último grupo de secuelas son las alteraciones cognitivas con falta de memoria y pérdida de otras funciones, como la capacidad para hacer cálculos, abstraer, comprender conceptos complejos o interpretar de manera adecuada el entorno. Estas secuelas se dan por lesiones difusas que afectan estructuras fundamentales para la memoria (hipocampo y áreas corticales de asociación) y la incapacidad que puede producir es similar al de las demencias, con la diferencia de que los pacientes con daño cerebral suelen ser varias décadas más jóvenes.

En el caso del ictus, la alteración de la función se debe a una disrupción brusca en la estructura del sistema nervioso por falta de riego sanguíneo por una arteria que se ha taponado o roto.  Esta alteración interrumpe las vías y conexiones que se normalmente controlan el movimiento, percepción del medio, el comportamiento o las emociones.

El cerebro en estas circunstancias intenta compensar la pérdida de funciones usando las zonas sanas que le quedan, pero se ha demostrado que a veces este intento de compensación puede interferir en la correcta recuperación sobre todo de las secuelas motoras.

 

Nuevas técnicas para potenciar la plasticidad cerebral

“Desde hace varios años sabemos que el cerebro tiene una capacidad plástica, esto significa que es flexible, que tiene capacidad de cambiar sus conexiones, ya sea por la práctica (por ejemplo, cuando podemos recordar con mayor facilidad algo que repetimos varias veces) o por adaptación a una lesión (por ejemplo, cuando una persona sufre la mutilación de una extremidad y la zona cerebral encargada de esa zona asume nuevas funciones)”, explica el doctor Romero.

En el caso de un ictus, que afecta la movilidad de una parte del cuerpo, esta plasticidad puede ser inducida, ya sea por la práctica (con ejercicios de rehabilitación) o mediante nuevas técnicas que potencian esa plasticidad.

“La estimulación magnética transcraneal y la estimulación directa con corriente continua o alterna figuran entre las técnicas no invasivas más novedosas con que contamos -señala el doctor Romero. Son técnicas no dolorosas y sin efectos secundarios importantes que potencian o modifican la manera de “reconectar” las neuronas después de una lesión”.

El neurólogo subraya que se trata de técnica que cuentan con un gran número de estudios que avalan su efectividad, “aunque la escasa duración de su efecto no permite usarlas sin combinarlas con técnicas habituales de rehabilitación, fisioterapia y terapia ocupacional”.

La Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata pone en marcha dos proyectos de neuromodulación no invasiva. Leer en Sanitaria.

Juan Pablo Romero, profesor de la UFV y neurólogo de la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María, pone en marcha dos proyectos de neuromodulación no invasiva para el tratamiento de las secuelas del ictus
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