La preocupación por el bienestar emocional, la convivencia y la capacidad de tomar buenas decisiones en niños y adolescentes está cada vez más presente en las escuelas y en las familias. En este contexto, la educación del carácter vuelve a ocupar un lugar central en el debate educativo, no como un añadido moral, sino como una dimensión clave del desarrollo personal y social.
Un estudio realizado por la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) y publicado en British Journal of Educational Studies analiza las opiniones de docentes y familias sobre la educación del carácter en la escuela. La investigación se centra en cuatro cuestiones clave: la importancia que se le atribuye, su relación con el rendimiento académico, las virtudes que deberían priorizarse y el reparto de responsabilidades entre familia y escuela.
El estudio se realizó en la Comunidad de Madrid con la participación de más de 1.400 docentes y familias de centros públicos, privados y concertados, combinando datos cuantitativos y respuestas abiertas que permitieron recoger también las preocupaciones y expectativas de los participantes.
Un amplio consenso sobre la importancia del carácter
Uno de los resultados más claros del estudio es el alto grado de acuerdo entre docentes y familias sobre la relevancia de educar el carácter en la escuela. Más del 75% de ambos colectivos considera que esta dimensión es muy importante y la vincula no solo al aprendizaje académico, sino también al desarrollo personal y social del alumnado
“Tanto docentes como familias entienden que el carácter influye en la forma de aprender, de relacionarse y de afrontar las dificultades”, explica Verónica Fernández-Espinosa, directora del Centro de Educación en Virtudes y Valores (CEV) de la Universidad Francisco de Vitoria.
Este consenso resulta especialmente significativo en un momento en el que organismos internacionales como la OCDE o la UNESCO subrayan la necesidad de orientar la educación hacia el bienestar y el florecimiento humano, y no únicamente hacia la adquisición de competencias técnicas o resultados medibles.
Educar el carácter también ayuda a aprender mejor
Lejos de percibirse como un obstáculo para el rendimiento académico, la educación del carácter es vista por docentes y familias como un factor que refuerza el aprendizaje. La mayoría considera que virtudes como la resiliencia, la honestidad o el buen juicio ayudan a gestionar el esfuerzo, la frustración y la convivencia, elementos estrechamente relacionados con el éxito escolar.
Cerca del 90 % del profesorado y más del 80 % de las familias consideran que formar el carácter es tan importante como obtener buenos resultados académicos.
“La educación del carácter se percibe como un apoyo, no como una distracción, para el aprendizaje académico”, señala Fernández Espinosa.
Virtudes compartidas y prioridades distintas
El estudio muestra un núcleo común de virtudes que ambos grupos consideran especialmente relevantes: la honestidad, la resiliencia y el buen juicio. Estas cualidades aparecen asociadas a la capacidad de tomar decisiones responsables, perseverar ante la dificultad y actuar con criterio en contextos complejos.
Sin embargo, también se observan diferencias de énfasis. Las familias tienden a dar mayor peso a virtudes vinculadas al desarrollo personal y al esfuerzo individual, mientras que el profesorado destaca en mayor medida virtudes de carácter cívico e intelectual, como la civilidad o la curiosidad.
Por otro lado, virtudes claramente prosociales, como la compasión o el servicio, reciben una menor atención en ambos colectivos, lo que abre interrogantes relevantes sobre los desafíos actuales de la educación en valores en sociedades cada vez más individualizadas.
“No siempre se priorizan las mismas dimensiones del carácter, lo que subraya la necesidad de diálogo y de un lenguaje educativo compartido”, explica Marta Velázquez Gil investigadora del estudio y del CEV.
¿De quién es la responsabilidad de educar el carácter?
Otro de los puntos analizados es el reparto de responsabilidades. Muchas familias consideran que la educación del carácter corresponde principalmente al ámbito familiar, mientras que el profesorado tiende a entenderla como una responsabilidad compartida entre familia y escuela.
Pese a estas diferencias, ambos grupos coinciden en una idea fundamental: sin coherencia y colaboración entre ambos ámbitos, la educación del carácter pierde eficacia. La falta de alineación en expectativas, lenguaje y criterios puede dificultar el acompañamiento educativo de niños y adolescentes
La necesidad de una alianza educativa más sólida
Los resultados del estudio apuntan a una conclusión clara: existe un acuerdo amplio sobre la importancia de educar el carácter, pero también malentendidos y desajustes en la percepción mutua entre familias y docentes. Reconocer este terreno común y hacerlo explícito puede ser un primer paso para fortalecer la colaboración.
En un contexto de creciente complejidad social, emocional y digital, la educación del carácter aparece como una oportunidad para construir una alianza educativa más sólida, basada en el diálogo, la confianza y objetivos compartidos.
Educar no es solo transmitir conocimientos, sino acompañar a las nuevas generaciones en la construcción de criterios, hábitos y virtudes que les permitan crecer y vivir de forma plena y responsable en sociedad.


