Marcet negó el pronóstico que hacen algunos gurús de las nuevas tecnologías y el e-learning sobre la desaparición de las universidades en el futuro. “No, hombre, no. La clave es si serán relevantes y lo serán en la medida en la que tengan capacidad de sumar consistencia, adaptación y humildad”.
Auguró que en los próximos años habrá universidades “que se van a bloquear y ensimismar en su confort” por creer que tienen el futuro garantizado, mientras que otras “destacarán por la capacidad de servir a comunidades que las quieren bien definidas por sus perímetros de valores y que las quieren por aceptar retos sin careta”.
Entre los retos que el sector universitario tiene por delante, resaltó el de preparar a los jóvenes para tecnologías y oficios “que no sabemos cuáles serán” dentro de unos años. La única certeza en este campo vaticinó, es que “el oficio del futuro sólo será uno: pensar y adaptarse”. “Es un gran desafío”.
Marcet abogó especialmente por “la suma de inteligencias” como uno de los retos del futuro, dado que “históricamente no lo hemos hecho”, y recalcó que esta nueva mentalidad debe impulsarse “desde la universidad”.
Barrabés coincidió en la necesidad de aprender a convivir y trabajar mediante alianzas con otros actores, que incluso superen el paradigma tradicional del “win-win” (con el que ganan dos actores) para ampliarlo a un “win-win-win” que beneficie también a la comunidad o el conjunto del planeta.
LA EDUCACIÓN ES CLAVE
El fundador de la tecnológica Barrabés explicó que “hemos pasado de un mundo complicado a un mundo complejo” en el que las soluciones requieren la participación de muchos actores y el manejo de herramientas diferentes. En este contexto, apuntó que “la educación vuelve a ser clave porque es una de las dos o tres cosas que tiene el ser humano” y de las que carecen los robots.
Al hablar de la futura convivencia entre personas y máquinas, resaltó que los seres humanos cuentan con un rasgo diferencial como “la gran capacidad para adaptarnos, para entender el matiz y analizar los contextos”. “El problema descomunal es que en adelante necesitarás formarte durante toda la vida y esto es nuevo, tan nuevo que las universidades no están preparadas para eso”.
Barrabés distinguió en este punto entre educación y formación porque la primera se recibe principalmente en la familia y “es para toda vida”, mientras que “la formación no, y es fundamental entenderlo”. También incidió en que las universidades deberían dejar de buscar los mejores expedientes y los talentos individuales para preferir que las clases medias reciban más enseñanzas porque así cambiarán el mundo y serán más influyentes en la sociedad que viene.
Por su parte, Márquez elogió a los educadores por dotar de “conocimientos, capacitaciones, competencias, habilidades, valores y principios” a las jóvenes generaciones para hacer realidad los “sueños” que siempre ha tenido la humanidad como “arquitecta del porvenir”.
Subrayó que la tecnología ha acelerado los cambios y el ritmo al que se producen y repasó la transformación que ha experimentado el mundo en el último cuarto de siglo gracias a internet y los teléfonos móviles, por citar dos de los ejemplos más destacados.
Márquez también alertó sobre fenómenos crecientes de deshumanización como el “subjetivismo”, que lleva a la gente a querer leer informaciones y opiniones que simplemente ratifiquen su manera de pensar; o como el relajamiento de las “convicciones éticas y religiosas”.
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