Universidad Francisco de Vitoria
La cárcel, radiografía de una institución en crisis
 

La cárcel, radiografía de una institución en crisis

Noticia sobre la Carcel

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Juan Rubio de Olazabal
2º Com. Audiovisual
j.rubio.gen7@ufv.es

En la garita, un guardia comprueba los DNIs. Mientras, un grupo de jóvenes espera a que se les entreguen los pases que autorizan a entrar en los módulos. Luis Mínguez espera dentro. Desde sus 21 años de experiencia como funcionario de prisiones descubre las entrañas de la cárcel y análiza el estado actual de esta institución. La corrupción, los presos, la reinserción social y la Justicia española.

Las instalaciones se encuentran en medio de una explanada desierta, rodeada de montañas, y alejada de la ciudad. En la garita, un funcionario de prisiones comprueba los DNIs. Mientras, un grupo de jóvenes espera a que el guardia les entregue los pases que autorizan a entrar en los módulos. Son alumnos de la Francisco de Vitoria que realizan sus prácticas de Acción Social en colaboración con la ONG Gestores para la libertad en la cárcel de hombres de Alcalá-Meco.
Una vez en el interior, y tras cruzar varias compuertas vigiladas en otros puntos de control, los universitarios llegan al pasillo donde se encuentran todos los módulos. De camino, todo el mundo saluda educadamente. Parte del grupo se detiene en el Módulo 1, el resto sigue adelante. La compuerta se abre. Justo a la izquierda, dos funcionarios dentro de su garita. Al fondo se distinguen varias salas de recreo donde algunos internos juegan, ven la televisión o charlan. Uno de los guardias lee los nombres de una lista, mientras el alumno espera a la puerta del módulo. Son los internos apuntados al taller de Español para Extranjeros. Poco después aparece Luis Mínguez, un hombre alto, moreno, de aspecto jovial y tranquilo. Le acompañamos al interior del módulo, hasta una pequeña habitación con vistas al patio donde pasean algunos presos. “Pues mira, me pillas mirando fotos de mi último trabajo”, nos explica el funcionario de prisiones mientras se sienta frente a su ordenador. Las imágenes muestran detalles de la portada de un gran libro de cuero titulado Jerusalén. “Este es el escudo del Vaticano, y este el de Benedicto XVI. Es un regalo que le han hecho en su viaje a Tierra Santa”, nos cuenta él. Pese a su modestia, Luis termina por contarnos cómo se convirtió en uno de los encuadernadores más importantes del mundo. “Bueno, ya no te aburro más. ¿De qué quieres hablar?”.

Reinserción social
Una de las funciones más importantes de la cárcel, como institución, consiste en la reinserción social de los internos. En uno de los talleres de Gestores para la libertad, alumnos de esta universidad participan en un programa de radio junto con presos, donde a menudo se tratan temas de interés en forma de debate. En uno de los programas, se reflexionó sobre este aspecto. ¿Sirve realmente la cárcel para que los internos vuelvan a la vida en sociedad? ¿Les ayuda a cambiar de verdad? Luis Mínguez no tiene la autoridad de un psicólogo o de un especialista en adaptación social, pero desde sus 21 años de profesión –empezó este oficio a los 19– su respuesta es clara. “En general, por lo que yo he visto, aquí en la cárcel sólo aprenden lo que les falta por saber. Cervantes lo llamaba algo así como la escuela de delincuentes.”, nos comenta. “Sinceramente, no creo que la cárcel sirva para reinsertar en la sociedad a las personas que han delinquido”, afirma Luis. Uno de los factores más relacionados con la posible vuelta a una vida normal en la sociedad es la rehabilitación. Sin embargo, Luis asegura que rara vez el interno adicto a las drogas, durante su estancia en la cárcel, consigue abandonar el mundo de las drogas por completo. “Yo sólo he visto 3 ó 4 casos de verdadera recuperación al salir de aquí”, nos cuenta. Aprovechamos para preguntarle sobre la corrupción y el tráfico en el interior del recinto penitenciario.

La ley obstaculiza

“Lo tienen muy fácil… Si ellos quieren, lo tienen muy fácil”, afirma Luis resuelto. Al parecer, durante los vis-à-vis (encuentros personales con visitantes de fuera) o incluso en las visitas (en grupo, junto con los demás presos y sus familiares o amigos), no resulta demasiado complicado el intercambio de objetos.

“No creo que la cárcel sirva para la reinserción social de los internos”

Lo más lógico y sencillo sería hacer controles, no sólo normales o rutinarios, del tipo registrar las celdas –o chabolos, como las llaman los propios internos–, sino a fondo. Pero precisamente, el problema está en que los cacheos acarrean todavía más complicaciones. “Mira, si yo me acerco a un preso porque he visto algo sospechoso o porque lo creo conveniente y le hago un cacheo, tengo que rellenar un montón de papeleo administrativo para mis jefes. La ley obliga a los funcionarios de prisiones a explicar y justificar este procedimiento concreto”, nos explica. Cachear a un interno cuesta mucho trabajo suplementario, y se considera como algo excepcional. “Por eso nadie lo hace”, concluye Luis. Se trata de una circunstancia en la que, de hecho, se induce a un mayor tráfico de objetos y sustancias dentro de la cárcel. La corrupción entre los funcionarios, en su opinión, no tiene nada que ver. “En todos mis años de carrera nunca he tenido compañeros que hicieran mal las cosas. Ni que se dejaran sobornar, nada… Sólo recuerdo una ocasión, un buen funcionario de prisiones además… Fue un caso sorprende, y el único que conozco yo”, asegura.


Justicia al revés

Un compañero de Luis entra justo en el momento en que mencionamos la reciente liberación de Ginés, el Sheriff de Coslada, tras apenas un año de prisión en Alcalá-Meco (el mismo centro donde nos encontramos). La reacción es inmediata. “Casos como el de Ginés… para nosotros son uno más. Esto es sólo la punta del iceberg, que crea alarma social a través de la prensa. Hay casos de corrupción más flagrantes, que no se habla de ellos porque no interesa”, afirma sin dudar este funcionario de prisión. También se recuerdan casos como el de la puesta en libertad de uno de los asesinos de Álvaro Ussía por una fianza de 12000 euros, o el de la niña Mariluz. “Nuestro sistema penitenciario y nuestros jueces son demasiado benevolentes con los presos. ¿Qué opinas tú del caso de la muchacha de Sevilla que han matado [Marta del Castillo], y no ha aparecido su cuerpo? Ya hay uno de los tres encausados en libertad, y pronto saldrán los demás. ¿Qué puede pensar el padre de la Justicia española?”, continúa el funcionario. Su indignación se mide por sus palabras, y por su experiencia. “¿Qué pueden pensar aquellas personas víctimas de una violación acerca de que la terapia de reinserción sea irse a hacer el camino de Santiago como premio? Esto es un caso real que pude comprobar esta semana”. El compañero de Luis añade un último ejemplo. “Se están dando muchos terceros grados –régimen de libertad– sin merecerlo, para ahorrar gastos de manutención… Vergonzoso, ¿verdad?”.